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ELENA SOLÍS



En una mañana de agosto de 2017, visitamos a Elena, que vive en el corazón de una manzana del Parque Rodó. En cuanto abre la puerta, su perra Jacinta nos da la bienvenida. Entrando a su hogar, las diferentes habitaciones se disponen en torno al living, luminoso espacio bajo la claraboya. “En esta casa las plantas y los animales tienen un lugar preponderante”, nos dice, y así es: la tortuga Martina habita en un ecosistema especialmente creado para ella, y las plantas son las protagonistas del living.

Café y risas de por medio, comienza la charla. Su tono es seguro y pausado. Confiesa estar en un momento muy placentero a sus cuarenta y nueve años “me siento muy realizada, desde el punto de vista de la literatura -que es lo que hago como profesión- he tenido muchas satisfacciones, he publicado libros que los he escrito con mucha convicción”; y afirma que las cosas que ha perdido, las ha perdido “con entusiasmo”. Amante de la naturaleza, y de la elaboración propia, comparte que en su casa todo es casero: desde el pan hasta los jabones. Incluso la loza está pintada a mano. Asidua de las ferias barriales, tres veces a la semana concurre a las mismas, en busca de alimentos frescos.

Pasamos a su habitación, presidida por la bandera de los Treinta y Tres Orientales y una obra de su amiga Cecilia Vignolo. Dentro de la cama, descansa Cleopatra, su gata. A los pies de la misma, una pequeña “kitchenette” provee de todo lo necesario para poder permanecer en ella buenos periodos de tiempo –incluyendo una pequeña conservadora y vasos con forma de sapo-. En su habitación también están la biblioteca y su escritorio; fotos y postales colgadas de una vieja antena y dos obras que le obsequió Marcial Patrone.

Habla sobre la necesidad de sobreponerse a los miedos tanto en lo cotidiano como en la escritura, de arriesgarse, de cambiar de vida y reinventarse. "La felicidad está no tanto en que todo sale bien, si no, en que tomaste las decisiones que estás convencida, y las consecuencias son inmediatas". Con una "cantidad de conflictos que se han ido resolviendo" se considera dueña de ciertos logros, como el de no tener que trabajar en una oficina. También es dueña de su tiempo, de despertarse a la hora que desea, del disfrute de su hogar y una gran sonrisa, que comparte a menudo.

Esperamos que sea fuente de inspiración y conocimiento.

ELENA SOLIS


ELENA SOLÍS

Escribe desde hace muchos años, pero a partir del año 2000 la idea de escribir fue transformándose en un juego más ordenado y más serio, hasta convertirse en un juego profundo, placentero, grave y trascendental.  Editó cuatro libros unitarios, titulados “Babosas y fósforos”, “Neuronina”, “Entre las mantas” y “Yo quería ser Elena Solís”. Siempre ha escrito desde su experiencia, desde sus sentimientos, emociones y sueños.  Paradójica pero no sorprendentemente, esta forma de abordar la literatura cobró un tinte político. Es muy difícil definir qué es la honestidad en términos artísticos. Para ella la honestidad significa, entre otras cosas, poder decir lo que se piensa o se siente aunque no sea políticamente correcto. Como escritora mujer, también significa un granito de arena en la reformulación de un paradigma de mujer en el que las mujeres en verdad puedan identificarse, un paradigma construido por ellas. No suele reflexionar sobre la función de su escritura, pero no puede evitar que estos dos asuntos le resulten muy importantes. Participó en coautoría de varias ediciones de narrativa y en revistas y semanarios. Coordina un espacio de creación literaria al que llama “No es para tanto, escribir es una aventura con poco riesgo de vida”. Es madre y ama de casa. Le gusta usar cosas que hace y cultiva. Le gusta mucho la naturaleza, aunque vive en Montevideo, tiene un perro y un gato, una tortuga y una huerta.



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