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DAVID DE LA MANO



En el taller de David se mezcla el verde de la naturaleza y el gris de lo urbano; los elementos como la piedra y la madera, y las siluetas de sus obras que habitan el lugar, llenando todo con un sello muy personal.

David es de la ciudad española de Salamanca y desde hace siete años vive en Uruguay junto a la familia que han formado con Florencia. Este cambio ha supuesto nuevas formas, nuevos intereses “te pongo un ejemplo: ahora estoy trabajando con las baldosas de la calle, pero esto en mi ciudad no habría aparecido, la ley lo impide; aquí hay una libertad que hace que haya cosas que se puedan desarrollar”. Confiesa su primer año “muy crudo”, pero ahora se encuentra en un momento floreciente, positivo.

En su obra está muy presente el tema migratorio, los seres en procesión, marchando en fila, hacia otro sitio. El disparador de este estudio fue la situación de permanente tensión existente en la frontera de Marruecos con Melilla (España), donde una valla separa ambos países. Este estudio de lo migrante, prosiguió con la guerra de Siria y con diversas y delicadas situaciones de desplazamientos que implican precariedad y atañen intereses político- económicos. Resalta la importancia de “saber que este es un suceso de nuestro tiempo y todo lo que implica el no hablar claramente determinados temas”.

Escultor de profesión, su proyecto de fin de carrera trató sobre el secreto. “Trabajé con el secreto de manera estética, utilicé un producto impermeabilizante opaco y escribí con este producto una serie de intenciones y pensamientos que pudieran ser secretos (en la facultad de Bellas Artes, que es de piedra). Mi proyecto no se veía porque el material es opaco, pero cuando se moja, se oscurece y aparecían partes donde se representaban los secretos”. Desde ese momento, se interesó en lo sutil, y ese mismo devenir trajo consigo el interés hacia la naturaleza, “y ahora estoy retomando con la piel de la ciudad”.

Siente al arte “con esa responsabilidad de tratar de ofrecer lo mejor posible” y por eso nunca fue su deseo entrar en concursos ni depender de “premios que generen un círculo vicioso”. Es así que se maneja con sus propias herramientas y aunque este camino sea más largo, es el que siente con mayor honestidad.

Su tono cuidado, su aplomo y seguridad con la que transmite su experiencia y comparte su obra, hacen del encuentro un espacio de reflexión y agradecimiento. Esperamos que sea fuente de inspiración y conocimiento.




DAVID DE LA MANO

(1975, Salamanca, España) es uno de los artistas más importantes del movimiento de arte urbano. De la Mano, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y doctorado en Arte Público por la Universidad de Valencia, es un artista versátil que sobresale del dibujo a la escultura. El artista comenzó su carrera a principios de los años 90 creando proyectos, instalaciones y esculturas de Land Art en el espacio público, y desde 2008 ha centrado su atención en las pinturas murales.

El artista experimenta con diferentes técnicas entre las que destacan los acrílicos, acuarelas, tinta y collage. A través de un estilo minimalista, caracterizado por el uso monocromático del negro, David de la Mano es capaz de crear obras de arte extremadamente poéticas, una reflexión simbólica sobre la humanidad. Las figuras antropomorfas únicas del artista se reúnen y se unen en un movimiento eterno y recurrente; los individuos se convierten en masa y viceversa, y son impulsados ​​por sus sueños, ambiciones, miedos, vicios, esperanzas, conflictos internos.

La muestra individual de latitud.propuso una reflexión sobre el concepto visto no solo como un término geográfico sino también como un estado del cuerpo. El filósofo francés Gilles Deleuze define el cuerpo estableciendo una cartografía del mismo, en la que la latitud describe los estados de la fuerza del cuerpo para existir, su poder «para afectar y ser afectado». El cuerpo se define por el movimiento, una variación de su capacidad para actuar. En las obras de arte de David de la Mano, la latitud ya no es un punto específico, sino un punto indeterminado entre el origen y el destino, un estado intermedio entre la acción activa y el perdurable pasivo. Los personajes de sus pinturas, como movidos por un destino común, cuentan historias de observadores sobre viajes y exploración, narraciones de odiseas, exiliados, cruces y migraciones colectivas.

El artista presentó una nueva serie de obras exclusivas para su exposición en Wunderkammern, y antes de la exposición se organizó un taller de murales para estudiantes titulado “Dentro al muro”, que fue curado por el artista en colaboración con el Instituto Cervantes de Milán.



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